Teléfono: +34 954 36 82 39
Un camino humilde hacia la santidad. Página del Vicepostulador de la Causa de Fray Leopoldo
Teléfono: +34 954 36 82 39
Mail: vicepostulador@frayleopoldogranada.org
De “buena patria” calificó Cervantes la tierra granadina. Y es que Granada lo ofrece todo: desde la magia del arte oriental hasta la más brillante exaltación del barroco. En ella la sierra y el llano se entrecruzan formando un extraño arabesco, lo que da al paisaje fuerza y movilidad extraordinarias. Y, aunque Granada no cuenta con un Velázquez, que inmortalizara su cielo, todas sus bellezas han sido, sin embargo, ampliamente interpretadas por pintores, escultores y dibujantes. Baste evocar nombres como Alonso Cano, Bocanegra, Risueño, Juan de Sevilla, Doré, Fortuny, Gómez Moreno, López Mezquita, Domingo Sánchez Mesa, Morcillo, Aurelio López Azaustre, Francisco López Burgos, Miguel Moreno. A todos ellos hay añadir, ya en nuestros días, a Luis Ruiz Rodríguez.
La pintura bella y grandiosa que evoca la memorable escalera del Hospital Real de Granada por la que bajaba Juan de Dios, el loco de amor por Granada, con un enfermo entre sus brazos para salvarlo del fuego que sufría el hospital, obra maestra del pintor granadino Gómez Moreno, se convierte, por arte de magia de otro pintor granadino, en las mismas escaleras por las que bajan y suben Hermanos de San Juan de Dios que, con la palma del martirio en sus manos, caminan hasta alcanzar el cielo, después de haber derramado su sangre por Cristo, es una hilera de hermanos de S. Juan de Dios, cuyos retratos, sobre hábito negro, en miniatura, eran obra del gran pintor granadino Luis Ruiz Rodríguez y que la Orden Hospitalaria colgó en la plaza de San Pedro con motivo de la beatificación de los primeros 70 Hermanos de San Juan de Dios, mártires del siglo XX, beatificados por Juan Pablo II. En ese cuadro martirial tiene su origen el que Luis Ruiz pintara a Fr. Leopoldo.
Pero antes de hablar del cuadro de Luis Ruiz sobre Fr. Leopoldo, es necesario saber que su autor vio la luz en esta Granada un 3 de enero de 1959. Muy pronto aún niño, comenzó a emborronar papeles, sintiendo una gran atracción por la pintura, pintando del natural y basándose en la observación y la intuición. En su juventud asiste a cursos monográficos en la Escuela de Artes y Oficios de Granada.
En su itinerario pictórico es decisivo el viaje de estudios que realiza por su cuenta en 1985 por Austria e Italia, en esta última reside y trabaja en Florencia, Perusa, Venecia y Roma. A su vuelta estudia la carrera de Bellas Artes en la Universidad de Granada, siendo el número uno de su promoción (1985-1990) y 2º Premio Nacional de Terminación de Estudios Universitarios, al mejor expediente Académico del Ministerio de Educación y Ciencia.
Ha obtenido numerosos premios y becas de estudio para cursos de pintura en Italia. Tiene publicados numerosos artículos en prensa y publicaciones especializadas. Ha entrado en el Diccionario de pintores y escultores del siglo XX. Edit. Forum Artis. Madrid. Ha participado en exposiciones colectivas en Florencia, Jaén, Granada y en dos ocasiones ha colgado sus cuadros en la fachada de la Basílica de S. Pedro, en Roma, con motivo de sendas beatificaciones. Sus obras se encuentran muy diseminadas.
En la actualidad es Profesor de Técnicas Pictóricas en el Departamento de Pintura. Facultad de Bellas Artes “Alonso Cano”, de la Universidad de Granada. Ha sido discípulo y colaborador del insigne pintor Benito Prieto Coussent, sobre el que está preparando su biografía y el catálogo de su obra.
Luis cuenta cómo un día recibía la visita en su estudio de Granada, de “un fraile capuchino que había seguido la pista de mi pintura y mi incursión en el campo del arte religioso. Me sugería que pintara un cuadro nuevo sobre la figura de Fray Leopoldo de Alpandeire.
“Fue una profunda carga de amor e ilusión las que me daban fuerzas para realizar este cuadro. Para mí no era tarea fácil…, La técnica pictórica es un factor determinante en el resultado final de toda obra. Nuestro Fr. Leopoldo está pintado en técnica mixta temple-óleo sobre lienzo de lino esto es, una técnica acumulativa, cuyas bases capas inferiores se trabajan con una emulsión hecha con huevos de gallina y aceites y agentes secativos mezclados con colores en polvo o pigmentos, que forman una pintura llamada ‘temple’”.
“En cuanto a su génesis, contar que, como en cualquier obra de este tipo, realicé varios bocetos y dibujos, que iban acercándome al resultado final. El rostro basado, naturalmente, en las fotografías que conservamos del Siervo de Dios, de las que tomé el semblante y expresión del retratado y no así respecto al cuerpo y los demás elementos que se basan en estudios del natural, etc.
“De unos de mis modelos tomé entusiasmo: de otro, paciencia: de otro, candor; y de otro…, santidad. Respecto a los signos iconográficos que se representan en el cuadro, destaca de manera predominante la vera efigie de Fray Leopoldo de Alpandeire, con su expresión serena y mirada profunda y viva que dirige al espectador. La larga barba blanca es, junto con la expresión de la mirada, el centro visual del cuadro. Sobre el regazo del santo limosnero se reclina la cabeza de un niño, sencillo, humilde, de la calle, al que Fray Leopoldo acoge sobre sí y lo ampara con la mano sobre su hombro, mientras la mirada, soñadora, del niño se pierde en el cielo. La mano izquierda prende las alforjas limosneras que sostiene el fraile sobre su hombro, como era característico en el transporte de esta prenda. El hábito, rudo, está cruzado por el cinto o cuerda, y sobre ésta, el santo rosario, al que tan piadosa afición tenía el Siervo de Dios”.
“Me permito citar aquí unas letras de la pluma de D. Juan Antonio Moreno Pérez, que tuvo a bien escribir: “... los ojos de su Fray Leopoldo son una maravilla, como si fueran el trasunto celestial del alma del fundador de los franciscanos, el Seráfico San Francisco de Asís. Me ha hecho recordar el cuadro (por el manejo de los colores terrosos) el de la ‘petición del hábito por San Buenaventura’ de Francisco de Herrera el Viejo, actualmente en el Museo del Prado. Lo asombroso para mí, lego en la materia, es que en su emprendida hagiografía pictórica y sin recibir directamente el estilo religioso herreriano, lo haya hecho revivir y hasta lo haya superado en su Fray Leopoldo”.
“La figura de un niño arropado por la mano amiga del fraile enriquecía el cuadro, no tan sólo por las posibilidades expresivas de esa composición, sino también porque así vincularía a Fray Leopoldo, a ‘mi Fray Leopoldo’ con aquel otro gigante del amor y de la caridad de la historia de Granada: San Juan de Dios -- también acreedor de mi más profunda devoción. Hábitos distintos, órdenes distintas, costumbres distintas, siglos distintos... pero un común escenario y un solo fin: el amor a Dios y a los demás. Fin y principio. Y entre los demás, entre el prójimo, los niños (“Dejad que los niños se acerquen a mí”)...
Son los mismos niños y zagalones de aquella Granada del siglo XVI que se burlaban de Juan de Dios y a los que él recogía por las calles para darles comida y cobijo cuando los necesitaban. Son los mismos niños y zagalones de esta Granada de mediados del siglo XX que ven pasar por la calle ese bendito hábito capuchino, al que se acercaban y del que siempre recibía trozos de pan... y bendiciones”. “En la biografía del religioso capuchino se repite abundantemente el atractivo que el fraile limosnero suponía para la chiquillería que jugaba en las calles de Granada… Así, en este diálogo pleno de ternura y teatralizado por las luces y el fondo, casi de impacto cinematográfico, le representa el pintor, ya especializado en estos temas, Luis Ruiz Rodríguez, consiguiendo comunicar su sentida emoción hacia la imagen entrañable del personaje” (Domingo Sánchez Mesa, Iconografía para una nueva beatitud. Imágenes de Fray Leopoldo de Alpandeire. Edit. Cajasur, Córdoba 2000, pp. 156ss.).
©2026 3emultimedia S.L | Privacidad | Cookies
