Teléfono: +34 954 36 82 39
Un camino humilde hacia la santidad. Página del Vicepostulador de la Causa de Fray Leopoldo
Teléfono: +34 954 36 82 39
Mail: vicepostulador@frayleopoldogranada.org
Don Manuel Casares Hervás y Fray Leopoldo
D. Manuel Casares Hervás y Fray Leopoldo
Allá los meses transcurren despacio. El verano da paso al otoño, el otoño al invierno… Se puede salir de casa y bajar hasta el río o hasta el caserío del herrero. Se puede ver a la gente trabajando en las faenas del campo o a las mujeres ocupadas en las faenas domésticas dando vida a los pueblos.
Poco a poco Sierra Nevada había ido perdiendo el manto de tersura blanca que le sirve de fondo a la panorámica geográfica y urbana de Granada. La nieve, convertida en agua benéfica por los calores estivos, bajaba por un sin fin de riachuelos de las altas cumbres de la sierra regando los verdes campos de la vega, sembrados de extensos maizales, tabaco, remolacha y de floridos campos de girasoles.
Nuestra historia arranca hoy en el pequeño pueblo de Láchar, situado en plena vega granadina, rodeado de choperas y plantaciones que le daban cierta frescura al ambiente caluroso del verano. Por la feracidad de sus tierras y la riqueza de sus aguas, los primeros asentamientos humanos en sus alrededores datan del neolítico, alcanzando gran esplendor en la época nazarí por la riqueza de sus alquerías. Durante los años de la conquista de Granada se sucedieron frecuentes batallas en su término, que devastaron sus campos teniendo que ser repoblada, años más tarde, por castellanos, asturianos y gallegos.
Cantan con fuerza las cigarras y crujen las viejas cortezas de los árboles, bajo el fuerte sol del verano. Un caserón blanco situado cerca del centro de Láchar, vio nacer a uno de aquellos hombres que recibió en la fuente bautismal el nombre de Manuel y que a lo largo de su vida daría virtud y ciencia a la Iglesia de Granada, pero que ahora de niño corría rompiendo balones de trapo por las calles del pueblo y por el terral cercano a las casas. Nació el 24 de julio de 1917, en plena canícula, de padres campesinos de vida cristiana íntegra.

Fray Leopoldo en una procesión eucarística
De pequeño, la madre lo llevaba a misa. Y luego lo llevaba al altar de la Virgen y con el dedo le señalaba la imagen de María y le indicaba: “La madre de Dios del cielo”. “Nuestra madre” –recordaría luego Manuel-.
Manuel fue a la escuela de Valderrubio a donde se había trasladado la familia, y a los 13 años, como se acostumbraba entonces, tras recibir el sacramento de la confirmación, ingresó en el Seminario conciliar de San Cecilio. Franco, jovial y directo, no lo pasó mal entre sus compañeros.
En la política española se vivían tiempos de inseguridad e inestabilidad. Los gobiernos liberales se alternaban con los conservadores. La clase política no estaba al alcance de las circunstancias. Las huelgas asolaban las ciudades donde la anarquía iba ‘in crescendo’. En el campo, sobre todo en Andalucía, el descontento de los obreros del campo crecía de día en día.
Como es lógico, en el Seminario de Granada, los aspirantes al sacerdocio sentían el influjo de estos vaivenes políticos. Salían de paseo, en los difíciles años de la república, los jueves por la tarde, acompañados del rector o del vicerrector. Uno de esos días el Superior los llevó al convento de Capuchinos, y, mientras él hablaba con los frailes, Fr. Leopoldo - recuerda Manuel- nos estuvo enseñando el convento y explicándonos cosas de la vida de los frailes. Nos enseñó el comedor en el que estaba preparada la cena, que era bastante frugal. Los pedazos de pan eran los que había recogido él por la mañana. Después nos enseñó la huerta, nos explicó quiénes y cómo la trabajaban, y, viendo nuestras intenciones o deseos hacia los membrillos (era por noviembre) nos dejó en la huerta, recomendándonos que fuéramos buenos. Algún membrillo que otro, sin embargo, se perdió.
Llegaron los años difíciles de la guerra y de la posguerra, a pesar de las dificultades propias del momento, el joven Manuel prosiguió los estudios de teología, adquiriendo el grado de doctor. De una de las clases de aquellos años, recuerda que tuvo la ocasión de escuchar de boca del profesor D. José Sánchez Quero, persona no muy dada a los elogios, por cierto, este profundo juicio sobre Fray Leopoldo: “Ese sí que es un hombre de Dios; ese hombre tiene el don de consejo sin saber teología. El don de consejo lo tiene porque se lo da el Espíritu Santo”.
Con 23 años, en 1940, se ordenó de sacerdote, siendo nombrado coadjutor de la parroquia de las Angustias de Granada y Consiliario de los Jóvenes de A. C. Junto a la Virgen de las Angustias, patrona de Granada, vio rezar a Fray Leopoldo muchas veces y refiere que le llamaba la atención su misma expresión corporal, su ensimismamiento y el cariño y el amor que manifestaba a la Virgen. Sucesivamente fue nombrado Canónigo Archivero de la Catedral y vicario General en 1969. Desde 1944 y durante 26 años fue profesor de Religión en el Instituto del P. Suárez de Granada. Este sería otro escenario en el que pudo observar la vida del santo limosnero. A los alumnos de D. Manuel les llamaba mucho la atención el verlo con los pies descalzos en los inviernos tan crudos de Granada. Cuando Fray Leopoldo pasaba por la puerta del Instituto, a la hora del recreo de los alumnos, estos acudían a besarle el cordón y él siempre sonreía agradecido, también le referían los buenos consejos que les daba o rezaba con ellos las tres Ave Marías cuando iban a hacer algún examen.
El 7 de abril de 1970, Pablo VI, nombró obispo de Almería a nuestro D. Manuel, sede para la que fue consagrado por el Nuncio Mons. Dadaglio, el 15 de mayo, fiesta de san Indalecio, primer obispo y patrono de la diócesis de Almería.
En la Conferencia Episcopal Española fue Presidente de la Comisión de Migraciones e impulsó la pastoral sanitaria y perteneció, además, a la Comisión Episcopal para el Patrimonio Artístico y Cultural de la Iglesia. En la Conferencia de los obispos del Sur fue el encargado ante la Junta como Delegado de Pastoral de la Enseñanza.
Pero hacía algunos años que el mal había hecho mella en él. El 9 de julio de 1988, Juan Pablo II, en atención a su penosa enfermedad le relevó del peso de la diócesis, nombrando Administrador Apostólico “sede plena” a D. José Méndez Asensio, que era arzobispo de Granada.
El 24 de enero de 1990, en la casa de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, que lo habían atendido en su última enfermedad, el pastor bueno de D. Manuel, regresó a la casa del Padre.
©2026 3emultimedia S.L | Privacidad | Cookies
