Fray Leopoldo De Alpandeire

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miércoles 22 de abril de 2026

Miércoles de la III semana de Pascua

Día de Santos Sotero, Cayo
Tiempo Pascual

Textos

Aquel día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaria. Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él. Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia, penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres. Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Palabra de Dios.

R. Aclamad al Señor, tierra entera

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué terribles son tus obras!» R.

Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos con él,
que con su poder gobierna enteramente. R.

En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis. Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado. Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

Palabra del Señor.

Jesús se presenta como “el pan de la vida”; el pan que sacia las hambres más profundas del hombre. El alimento con el que el Padre quiere “salvar” al hombre. Pan que es el alimento y la garantía de la resurrección. Eucaristía y resurrección están íntimamente relacionadas. La eucaristía nos incorpora a la vida nueva, resucitada, por Cristo y en Cristo. Y no puede recibirse desde los esquemas del hombre viejo. Participar en la eucaristía es profesar que Cristo “vive” y que es fuente de vida. Jesús lamenta la falta de fe, de reconocimiento en él como el Pan de la vida. Y eso puede pasarnos también a nosotros a pesar de comulgar frecuentemente: reducir la comunión a “devoción”. Jesús no vino para “adornar” la vida sino a cambiarla, abriéndola al gran proyecto de Dios, a salvarla y resucitarla.