Fray Leopoldo De Alpandeire

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sábado 30 de mayo de 2026

Sábado de la VIII semana de Pascua

Día de San Fernando
Tiempo ordinario

Textos

En cambio, vosotros, queridos míos, acordaos de las predicciones de los apóstoles de nuestro Señor Jesucristo;

Basándoos en vuestra santísima fe y orando movidos por el Espíritu Santo, manteneos en el amor de Dios, aguardando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para la vida eterna. Tened compasión con los que titubean, a unos salvadlos arrancándolos del fuego, a otros mostradles compasión, pero con cautela, aborreciendo hasta el vestido que esté manchado por el vicio. Al que puede preservaros de tropiezos y presentaros intachables y exultantes ante su gloria, al Dios único, nuestro Salvador, por medio de Jesucristo, nuestro Señor, sea la gloria y majestad, el poder y la soberanía desde siempre, ahora y por todos los siglos. Amén.

Palabra de Dios.

R/. Mi alma está sedienta de ti, Dios mío

Oh Dios, tú eres mi Dios, por ti madrugo,
mi alma está sedienta de ti;
mi carne tiene ansia de ti,
como tierra reseca, agostada, sin agua. R/.

Mi alma está sedienta de ti, Dios mío
¡Cómo te contemplaba en el santuario
viendo tu fuerza y tu gloria!
Tu gracia vale más que la vida,
te alabarán mis labios. R/.

Mi alma está sedienta de ti, Dios mío
Toda mi vida te bendeciré
y alzaré las manos invocándote.
Me saciaré como de enjundia y de manteca,
y mis labios te alabarán jubilosos. R/.

En aquel tiempo, Jesús y los discípulos volvieron a Jerusalén y, mientras paseaba por el templo, se le acercaron los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos, y le decían: «¿Con qué autoridad haces esto? ¿Quién te ha dado semejante autoridad para hacer esto?». Jesús les replicó: «Os voy a hacer una pregunta y, si me contestáis, os diré con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿era del cielo o de los hombres? Contestadme». Se pusieron a deliberar: «Si decimos que es del cielo, dirá: “¿Y por qué no le habéis creído?”. ¿Pero cómo vamos a decir que es de los hombres?». (Temían a la gente, porque todo el mundo estaba convencido de que Juan era un profeta). Y respondieron a Jesús: «No sabemos». Jesús les replicó: «Pues tampoco yo os digo con qué autoridad hago esto».

Palabra del Señor.

Las palabras de Jesús sobre el Templo y el culto allí practicado y la expulsión de los vendedores exasperaron al estamento sacerdotal y a los escribas, que se acercaron para preguntarle con qué autoridad se atrevía a hablar y a actuar así. Jesús les devuelve la pregunta, interrogándoles sobre el origen del bautismo de Juan y de su mensaje. En privado reconocen que no le creyeron mientras que el pueblo lo creyó y aceptó. Pero decir: “de Dios” era autocondenarse, y decir: “de los hombres” era exponerse a ser condenados por el pueblo. Para evitar riesgos deciden no pronunciarse. Es el drama y la paradoja: el pueblo es capaz de distinguir a los enviados de Dios, mientras sus dirigentes no. Son “Guías ciegos” (Mt 34,24). Ni reconocieron al Bautista ni a Jesús. ¿Qué nos dice esto a nosotros?