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... la pintora de Martos (Jaén), sobre Fray Leopoldo
Sonia Fernández, nos ha sorprendido esta vez con un nuevo cuadro de Fray Leopoldo.
Hecho a carboncillo, con esa mirada limpia y única de Fray Leopoldo, de la que salen unos ojos tan penetrantes, con todos esos rasgos tan característicos y propios de su cara, su pelo, las mejillas, las cejas, las arrugas de su frente, su barba, todos rasgos tan típicos, característicos y conocidos, que te traspasan, que parece te va a hablar.
Se comprende bien la frase de aquel célebre dibujante, que comentaba así con unos amigos la impresión que le había producido el rostro y la mirada de Fray Leopoldo:
“Dibujar a este hombre es sumamente difícil; hace falta conocerlo para dibujarlo, porque habría que pintar todo lo que lleva dentro. Pero lo que no es posible al pincel de un artista puede ser realizado por el pincel de otro artista que, previamente, ha meditado, orado y reflexionado en el silencio sobre el misterio interior del que era portador Fray Leopoldo".

Y así es la pintura de Sonia, ella traduce al papel lo que antes ha sido fruto de una profunda reflexión, de una meditación sosegada y serena en su interior. Hay quien bien la conoce y dice que Sonia, antes de pintar un cuadro, junto a la meditación, practica también el ayuno. Cada cuadro es fruto de una sonora interioridad.
Creo que en el diseño global de la personalidad de este hombre, cabría distinguir dos planos: Lo que Fray Leopoldo reflejaba al exterior y lo que Fray Leopoldo llevaba dentro. Dos rasgos le definen, sobre todo, externamente: La sencillez y la bondad. Dos rasgos le definen, sobre todo, por dentro: la fe y la cruz.
Es indudable que un encanto inmediato le viene a Fray Leopoldo de su actitud de hombre simple, natural y sin artificio, un hombre evangélicamente pobre, crédulo y candoroso, con un corazón de niño, noble, honrado y sobrio, sencillo y discreto, que trata de servir en el anonimato y la humildad.
Ante este hermano capuchino, modelo de simplicidad seráfica, le viene como anillo al dedo, el espontáneo recuerdo de aquel vehemente desahogo de San Agustín, cuando todavía buscaba, atormentado, la luz: “Qué es lo que nos pasa?... Se levantan los indoctos y arrebatan el cielo, y nosotros, con todo nuestro saber, nos hundimos… en el fango”.
Y así, Sonia, en su último cuadro de Fray Leopoldo, nos descubrió un trocito de la cándida belleza del alma de Fray Leopoldo.
Alfonso Ramírez Peralbo, Vicepostulador de la Causa
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