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Un camino humilde hacia la santidad. Página del Vicepostulador de la Causa de Fray Leopoldo
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“Las agujas del reloj apuran los escasos minutos que las separan del nuevo día, 9 de febrero de 1956… El hueco iluminado de una ventana quiebra la fachada, en sombras nocturnas del vetusto convento de capuchinos. La “hermana muerte” ronda el edificio.
… La hermana muerte, acercándose, insonora, desligó el alma de sus ataduras carnales. En el rostro una expresión de arrobo, de posesión, de paz… a la mañana siguiente la noticia corría de boca en boca: -Ha muerto un santo… El hermano Leopoldo se ha muerto, / que lo dicen las gentes que pasan…
Su última morada sería, pues, la parcela de tierra reservada para la comunidad en el cementerio público de San José, en Granada.
La losa sepulcral separa dos mundos. Para los más significa el olvido más o menos inmediato. Para este Siervo de Dios, renuente a toda distinción, significó su incorporación a la posteridad, la supervivencia.
Es una frase que muchos, al confrontar la vida del oscuro hermano capuchino, no han podido contener en los labios o en los puntos de la pluma: El que se humilla, será enaltecido...”.
Con este texto inicia y también termina Mendigo por Dios. Vida de Fray Leopoldo de Alpandeire. Sublime biografía del místico limosnero escrita por la ágil pluma de Fray Ángel de León. Entre la primera y la última frase, Fray Ángel, cual hábil buril de artista, va viendo nacer y crecer, creando y recreando, coloreando, nimbando de luz y belleza la diminuta figura del limosnero capuchino, que se hizo santo santificando a los demás, como quería Francisco, con el ejemplo de su vida. El contacto con la gente por las calles de Granada, lejos de mundanizarlo, lo sumergía más en Dios al que llevada en la oración de la noche las necesidades de los demás recibidas durante la jornada. Adentrándose por los vericuetos de la humildad, Fray Ángel consigue una imagen colosal del anonadamiento de Fray Leopoldo identificado plenamente con la muerte en cruz del Hijo de Dios. El Fray Leopoldo que hoy conocemos y al que invocamos es, en razón de justicia y por méritos propios, obra de Fray Ángel de León. Cuando en la Iglesia se habla de santos, no se quiere decir sólo que fueron buena gente, figuras dignas de admiración. Afirmamos sobre todo que sus vidas son unas ventanas hacia algo más. Y sólo mirándolos a ellos, a lo que hicieron, dijeron, a cómo lo vivieron, a cómo amaron y curaron, a cómo el evangelio prendió en su corazón y ardió en sus vidas, podemos intuir al único verdaderamente santo que es Dios.
Pero, ¿quién era Fray Ángel de León?, ¿qué lazos le unieron con Fray Leopoldo?

P. Ángel de León
Primer Vicepostulador de la Causa de Fray Leopoldo
Juventino -ese era su nombre de pila- Rodríguez Llamazares, había nacido el 24 de enero de 1921 en el seno de una familia campesina y piadosa, en Valporquero de Rueda (León), pueblecito situado en la carretera que va de Gradefes a la Encina. Allí, como una verde sorpresa, el pueblo surge de improviso entre las montañas leonesas. Valporquero es el silencio, un silencio con rumor de agua habitado por una misteriosa arboleda que sonríe en torno al río, serena y melancólicamente…, allí, detrás de los chopos y los pinares, donde la luz juguetea con las sombras, puede aún oírse el canto de los pájaros, los ruidos del valle, oler la hierba mojada y sentir el aire frío sobre el rostro… En el pueblo hay unas cuevas visitables que son como impresionantes galerías que se formaron por el cauce del río con cascadas en el interior.
Por aquellos pueblos y parajes tenía amistad con sus párrocos el P. Ángel de Cañete, que moriría asesinado en agosto de 1936 en Antequera, (hoy ya beatificado) y que solía pasar con frecuencia cuando iba o regresaba a tomar las aguas a unos balnearios del norte de España, debido a ciertas enfermedades que padecía. Fruto de esa amistad sería que los niños que manifestaban algún indicio vocacional eran encomendados al P. Ángel de Cañete, que los llevaba al Seminario Seráfico de Antequera. Algunas de estas vocaciones son nombres hoy de sobra conocidos: el P. Bernardo de Villanofar, Jaime de Villamorisca, Santiago de Villacidayo, Romualdo e Ignacio de Galdácano y nuestro pequeño Juventino; ellos fueron testigos, durante sus años de estudios en Antequera, de los trágicos sucesos de agosto del 1936 que segó la vida a siete religiosos capuchinos de aquel Seminario de Antequera, entre ellos al P. Ángel de Cañete y seis religiosos más.
Cursados los estudios de humanidades, el joven Juventino vistió el hábito capuchino el 14 de noviembre de 1937 recibiendo ya el nombre de Fray Ángel de León con el que sería ya conocido por todos. Supo llevar con cierta galanura el aire emblemático de la que pasa por ser conocida como la ‘pulcra leonina’. Se ordenó de sacerdote el 1 de octubre de 1944, dedicándose, en sus primeros años de pastoral, a la predicación, para la que tenía unas dotes de orador verdaderamente extraordinarias: su vocabulario rico y expresivo, su estilo reposado y ungido, hacían de él un orador clásico envidiable. En sus predicaciones en Granada conoció a Fray Leopoldo. En Antequera fue Superior y Director del Seminario varios trienios. De Granada fue Superior de 1970-1973 y Definidor provincial el trienio de 1973-1976.
Cuando en 1958 fue trasladado a Granada, hacía tan sólo dos años que había muerto con fama de santidad, Fray Leopoldo de Alpandeire. El P. Ángel fue nombrado Vicepostulador de la Causa de Fray Leopoldo el 22 de octubre de 1958. Bajo su dirección se realizaron los dos procesos necesarios para llevar a Fray Leopoldo a los altares. El trabajo del P. Ángel consistió en reunir y condensar en las declaraciones procesales de numerosos testigos la vida y fama de santidad de Fray Leopoldo, a lo largo de cientos de páginas se recoge lo mejor de la vida de fe, de humildad, del amor a Dios y al prójimo, de su prudencia, de la obediencia, de su vida de pobreza, de la bondad, de la paz que transmitía e irradiaba su persona...
El P. Ángel trabajó la figura de Fray Leopoldo, la modeló tan armoniosa y tan perfectamente, que cabría decir, al final, que llega a identificarse con ella, lo mismo que un arquitecto se identifica con su trabajo o un escultor o pintor con su obra. Con amor y delicadeza, con su esmerado trabajo, el P. Ángel supo poner en pie: Vicepostulación, Propaganda, Boletín, Biografía, Hogar-Residencia de Ancianos, Monumentos al Siervo de Dios, dedicación de calles y plazas…
Y con la misma sencillez franciscana con la que un día había entrado en el mundo y en el escenario de Fray Leopoldo, con la misma sencillez, otro día, tras haber rendido también tributo al sufrimiento, el P. Ángel dejó este mundo: fue un 22 de diciembre de 1984, vísperas de Navidad, cuando marchó al encuentro del Señor y de Fray Leopoldo. Hoy sus restos reposan en su propia obra, muy cerca de los del Siervo de Dios, en su misma cripta, en la parte lateral izquierda del altar.
Alfonso Ramírez Peralbo, Vicepostulador
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