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Un camino humilde hacia la santidad. Página del Vicepostulador de la Causa de Fray Leopoldo
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Vestido de militar
Las declaraciones, en el Proceso, de José Duarte Torres contienen un gran sabor popular y muchas curiosidades puesto que nacen en una “barbería” que, en tiempos de Fr. Leopoldo, entre finales del siglo XIX y comienzos del XX, era un poco el centro al que acudían los hombres y echaban el rato o pasaban la mañana hablando de las cosas del pueblo, del tiempo, de la familia y de todas las curiosidades que cada uno llevaba ese día, lo mismo que se pasaba el rato en la taberna del pueblo hablando de todo lo divino y humano.
Él declara ser de profesión barbero y cuenta:
"Soy barbero. Mi padre también era barbero y yo aprendí el oficio de él: de modo que, conociendo lo que es una barbería de pueblo, usted sabe que allí se habla de todo lo habido y por haber. Allí se contaba todo lo que pasaba en el pueblo y todas las historias antiguas. Yo no he leído nada sobre Francisco Tomás, pero oír, figúrese usted. No sólo en la barbería, sino fuera de ella: hablábamos mucho de Francisco Tomàs, que es como se llamaba Fray Leopoldo antes de ser fraile, todo lo que se hablaba de él y de su familia, era bueno; todos ellos eran muy honrados, muy trabajadores y muy serviciales. Claro que, en general, en el pueblo todos eran buena gente, pero la familia de Fr. Leopoldo se destacaba sobre la mayoría. También he de decir que la gente que yo oí hablar de Fr. Leopoldo eran personas que me merecían todo crédito.
Fray Leopoldo nació en este pueblo, en una casita que ahora tiene puesta una lápida. Yo no conocí a los padres; bueno, creo que a la madre sí, aunque yo era muy pequeño. Sí oí decir que eran muy religiosos. La madre, la recuerdo, de una vez que vino Fr. Leopoldo al pueblo; la madre lo recibía con “palmas y luces”. También he oído hablar de él a los sobrinos: a Jeromita (Jerónima) que vive aquí, a Diego, a Francisco, que está en un pueblo de Málaga: todos éstos son muy buena gente y muy buenos cristianos. A éstos les he oído hablar de los abuelos de Fr. Leopoldo: todos coinciden en decir que también eran muy religiosos y muy cristianos. También conocí a un hermano suyo, padre de Jerónima, que se llamaba Juan Miguel, también padre de Diego. De este Juan Miguel puedo decir que era muy trabajador, un santo; que si a Fray Leopoldo lo hacen santo, también había que hacer a su hermano. Oí contar que Fr. Leopoldo de niño era muy trabajador, que ayudaba mucho a sus padres. Que iba mucho a misa, que rezaba el Rosario, y que, cuando oía desde el campo las campanadas de la iglesia al alzar la ostia, se ponía de rodillas; lo mismo hacía al toque de oración.
Francisco Tomás era muy bueno cuando joven. Era muy trabajador. Oí contar a gente que lo vio, que su madre lo envió a por un cuartillo de aceite y le dio unos reales. Entonces había muchos mendigos, más que del pueblo, de fuera, y le dio el dinero a un pobre. Cuando llegó con la alcuza del aceite vacía, la madre le preguntó, y él dijo lo que había hecho con el dinero; y el dinero apareció en el bolsillo del pantalón. También de joven se hincaba de rodillas en el campo a los toques: por eso algunos le decían “que era tonto”, pero él no les hacía caso, ni se molestaba, sino que a ésos los trataba mejor. Todos decían que nadie se extrañó de que se fuera de fraile, pues esa vida santa ya la llevaba él en el pueblo; le gustaba mucho ir a la iglesia y tocar las campanas, y era muy apegado a las cosas de la iglesia.
Francisco Tomás fue a la escuela, pero no hizo estudios: no estudiaban ni los ricos del pueblo, cuanto menos él, que era pobre. Yo sólo recuerdo que estudiaran dos hijos de un rico al que llamaban “El Cacique’, uno médico, y otro abogado: los demás, nada. Cuando Francisco Tomás fue creciendo siguió lo mismo de religioso y trabajador, o más. Por la mañana, antes del alba, iba a misa; por 1a tarde, después de volver del campo, en cuanto oía las campanas del Rosario se iba a la iglesia, y hasta que no rezaba el Rosario no se venía. La gente decía que todo esto lo hacía de modo muy natural, sin hacer aspavientos, ni alardes, sino con mucha sencillez, como no dándole importancia. Todos decían que era muy buena persona. Y ya se sabe que en las barberías, en las conversaciones, siempre se sacan a relucir los “trapos sucios” de los vecinos, y que en los pueblos pequeños se sabe todo, que no hay secretos: pues yo jamás oí lo más mínimo contra Fray Leopoldo.
Francisco Tomás tuvo novia: era lo normal a su edad. Ella se llamaba Antonia Medinilla. Sus relaciones serían como todos entonces: que la novia se asomaba a la ventana, y su madre estaba en la misma habitación, y e1 novio estaba en la calle, y hablaban por la ventana. Después, Francisco Tomás se fue de fraile: a la novia la dejó amistosamente, diciéndole que se iba a servir a Dios, y ella, aunque supongo que lo sentiría, entró conforme con la voluntad de Dios. Fray Leopoldo, cuando ya era fraile, vino un par de veces al pueblo, y los niños íbamos detrás de él, porque nos llamaban la atención sus barbas y su hábito, pero más que nada porque era muy amable con todos, y todos hablaban muy bien de él, de lo que oían que hacía en el convento: que ayudaba mucho a los pobres de Granada; peno también recordaban que cuando estaba en el pueblo, le había dado el jornal a un pobre más de una vez. Todo el día lo pasaba trabajando.
Cuando visitó a su familia, le quisieron preparar una cama, pero él dijo que no, y se pasó la noche sentado en un rincón. Comía poco. En el pueblo se dice ahora y se decía entonces que Fray Leopoldo era un santo. Cuando se murió la gente decía que pronto lo mandarían de santo aquí a la iglesia; esto lo decían porque habían oído hablar de él tantas cosas buenas, de cómo era, de su santidad, de sus virtudes. Todos se encomiendan, ahora y entonces, a Fr. Leopoldo, pidiéndole por sus hijos, por los enfermos. Aquí la gente, toda la gente, le tiene mucha devoción; me refiero a los del pueblo; pero es que también muchos forasteros vienen, y visitan la casa donde nació, la iglesia y la pila donde lo bautizaron”...
Alfonso Ramírez Peralbo, Vicepostulador
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