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Un camino humilde hacia la santidad. Página del Vicepostulador de la Causa de Fray Leopoldo
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Antonio Sánchez Cortés: cartero y maestro
Antonio Sánchez Cortes fue cartero del pueblo de Alpandeire primero y, más tarde, maestro nacional, como se decía entonces, por lo que: “La gente –cuenta en sus declaraciones- me preguntaba muchos detalles sobre Fr. Leopoldo, por eso yo fui recogiendo muchos datos de gente que lo conoció. Personalmente lo conocí en dos ocasiones, siendo yo pequeño. Siempre tuvo una buena fama general, en vida y más ahora, después de su muerte. La gente le tiene mucha devoción: aquí y en muchos otros sitios.
Los ancianos con los que he hablado, algunos recordaban a los padres de Fr. Leopoldo: todos coincidían en que eran humildes, muy buenos cristianos, sencillos, muy naturales. A su hermano, siendo yo pequeño lo conocí muy viejecito: muy trabajador y muy honrado. Es el padre de Jerónima y Diego. Le hacíamos algunos encargos, y recuerdo que nos gustaba que nos enseñara un reloj que tenía música. Era muy buena persona. De Francisco Tomás, cuando era pequeño se contaban muchas cosas maravillosas y extraordinarias, incluso milagrosas. Oí contar que, estando en el campo, guardando los animales, tuvo lugar una tormenta, y que mientras todos huían, él se hincó de rodillas y se puso a rezar: parece que un rayo mató a uno de sus compañeros.
En Francisco Tomás brillaba más la nobleza y la bondad que la inteligencia, aunque eso no quiere decir que fuera tonto: lo que pasa es que no tuvo muchas ocasiones de demostrarlo, ya que estuvo dedicado a las labores del campo. El pueblo estaba aislado de la cultura, sin carretera, sin luz eléctrica; eso sí, muy religioso. La iglesia estaba muy bien dotada de ornamentos y vasos sagrados, donados por un matrimonio que invirtió gran cantidad de dinero en ello. Todo el pueblo colaboró también en la edificación de la iglesia, con mano de obra, llevando los materiales en sus caballerías. En el pueblo todos eran muy respetuosos con los mayores. Él desde que tuvo uso de razón, él fue rnuy bueno y muy trabajador.
Fr. Leopoldo de Alpandeire no hizo estudios especiales, si se exceptuan los de la Escuela Elemental, aunque, segun la costumbre de entonces, estuvo en ella poco tiempo, pues los niños empezaban pronto a trabajar. Él se dedicó al campo: tenían una pequeña finca que les producía trigo, legumbres, etc. También se dedicó a guardar los animales. También fue a la vendimia y a la siega fuera de su pueblo, en concreto a Jerez de la Frontera y a Ronda. No iba a las tabernas ni a diversiones públicas. Era muy observante de sus deberes religiosos: demostraba tener gran afecto a las cosas de la Religión.
En su juventud siguió en esta misma línea: normal, sencillo, muy religioso. Siguió muy trabajador y apegado a la iglesia. Participaba en las devociones públicas de la Parroquia: Rosario de la Aurora, en las Misas del Alba en los días anteriores a la Navidad. Era voz común que desde niño fue muy devoto de la Santísima Virgen María; que asistía al rezo del Santo Rosario a la Patrona. Recordaban los más viejos del pueblo que Francisco Tomás, a pesar de su poca cultura, era muy delicado de trato, sin tomar parte en conversaciones chocarreras y feas; al contrario, salía al paso cuando alguien las iniciaba. Él iba a su trabajo y a su devoción, a su casa y a su familia. Y no sólo no admitía conversaciones malas, sino que fomentaba las buenas y piadosas. Sé que hizo el servicio militar; oí decir que sus padres pudieron librarlo mediante el pago de cierta cantidad —como era costumbre de entonces—, pero él no quiso.
Francisco Tomás era un muchacho normal del pueblo, y, como cosa también normal, pensó en casarse como todos, y tuvo novia. Yo la conocí personalmente: se llamaba Antonia Medinilla Lobato, siendo yo muy pequeño y ella ya muy anciana. Ella se casó, y yo conocí a sus hijos. Cuando Francisco Tomás decide irse al convento, con mucha naturalidad también, termina el noviazgo, explicándole a ella que Dios lo llamaba por otro camino. Pero, ya digo, todo dentro de la mayor naturalidad.
Su entrada en los Capuchinos fue en Sevilla. Si entró tan mayor creo que fue debido a las circunstancias sociales y personales de él; vivía en un puebio aislado; puede que sintiera inclinación al estado religioso desde niño, pero él no estaba en condiciones de descubrir de qué se trataba; el hecho es que apenas sintió clara la llamada de Dios siguiò la voz de Dios. Volvió a su pueblo siendo ya fraile.
Estuvo en los conventos de Sevilla, Antequera y Granada. De su vida de fraile sé que siguió siendo sencillo, normal y muy dado a la religiosidad y al fervor, y en continuo progreso. Llevaba una vida muy mortificada y muy sencilla. Su fama de santidad llegó aquí, a su pueblo, muy pronto, y no extrañó a nadie. Yo lo vi dos veces: muy humilde y sencillo: siempre soslayando agasajos y gloria; no quería aparentar, huía de los elogios: esto lo he oído comentar a las personas mayores del pueblo, y después he podido comprobarlo en el testimonio de muchas más personas. A mi padre le oí decir que Fr. Leopoldo empezó a tener fama de santo casi enseguida de entrar en el convento. Ahora viene gente, incluso de fuera de España interesados por la vida de Fray Leopoldo de Alpandeire con gran devoción hacia él.
Era un hombre sencillo, de pueblo, que vivía cara a Dios, y que un buen día, por esa disponibilidad y por su gran corazón siguió la inspiración de Dios. Humanamente hablando no fue una gran personalidad, pero sí de un gran corazòn. Su espiritualidad nació y creció tanto, tanto, que floreció espléndidamente, pues Dios lo llamaba a una gran obra suya, y así resultó, a pesar de ser tan humilde y tan sencillo: Dios lo colmó de bendiciones y de dones.
Su beatificación y canonización, serían un gran mensaje al mundo de nuestro tiempo, al demostrar que una persona que en lo humano no fue nada, pudo realizar una obra de santidad tan grande con la gracia de Dios.
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